parajédico

Estaba sentado allí, en su jardín; viendo como las hojas, que habían nacido esa primavera, caían hoy del árbol. La naturaleza le ofrecía su otoñal rito, y él pensaba en el paso del tiempo.
Luego se quedó pensando en las colinas que cercaban su casa, cuando se mudó era como si nadie nunca hubiera pasado por ellas; ahora en todas ellas había viviendas, y en alguna de ellas incluso urbanizaciones. Eso le entristecía mucho, le importaba que fueran viviendas sin hogar, pero no mucho. Le importaba más la forma de masificar, de conquistar la naturaleza, decía él. Recordó entonces la imperiosa acción de la primera constructora que llegó, cual estadounidense en la luna, clavando una enorme bandera en el centro de la colina.
Porqué, porqué, porqué, se preguntaba constantemente. Al principio, antes que nada, estaba él, él y la naturaleza; en ese tiempo importar no había, ahora sí.
Todo su alrededor se transformaba, y él permanecía inmóvil. Llevaba así muchos años y ya no sabía si le gustaba o no; dudaba por todo aquello que cambiaba, creía.
Imaginó que llegaba alguien, y le preguntaba amablemente:
- Disculpe caballero, ¿sabe donde esta la urbanización Quien, calle Sabe, número Donde?
Y él no podría contestarle eso, y no sabría hacia donde dirigirlo, ni el lugar donde mandarlo a buscar la información requerida, no sería capaz de cubrir su necesidad; no sabría hablar si le preguntaran eso. ¡A él! Que llevaba la vida entera viviendo allí, que se conocía el paisaje mejor que a sí mismo, que notaba el crecimiento de los árboles y el devenir de la fauna día a día.
Medio advirtió: si mí alrededor cambia, cambio yo.
Pero era ya demasiado viejo para advertirlo del todo.
Mientras, su cigarro se lo había ido fumando el viento, y sin embargo, su cerveza, que únicamente podía beberse él –ya que pese a todo, estaba solo- seguía intacta.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El Médico de Familia inglés, Ronald Gibson, comenzó una conferencia sobre conflicto generacional, citando cuatro frases:

1) "Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos."

2) "Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible."

3) "Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos."

4) "Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura."

Después de enunciar las cuatro citas, el Doctor Gibson, observaba como gran parte de la concurrencia aprobaba cada una de las frases. Aguardó unos instantes a que se acallaran los murmullos de la gente comentando lo expresado y entonces reveló el origen de las frases, diciendo:

La primera frase es de Sócrates (470 - 399 A .C.). La segunda es de Hesíodo (720 A .C.). La tercera es de un sacerdote (2.000 A .C.). La cuarta estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (actual Bagdad) y con más de 4.000 años de existencia.

Y ante la perplejidad de los asistentes, concluyó diciéndoles: Señoras madres y señores padres de familia: RELÁJENSE, QUE LA COSA SIEMPRE HA SIDO ASÍ...

Carmen Parejo /Alina de Tormes dijo...

Que buena la entrada y que bueno el comentario de "anonimo" enhorabuena a los dos!

LA COSA SIEMPRE HA SIDO ASÍ...