De nuevo volvía a mi cabeza esa escena:
Sobre un fondo negro, estático, una gota cae; y acaba por desaparecer de la imagen, pero el sonido de su caída se continuaba escuchando, “fffffff…”, durante largo e intranquilo tiempo. Luego, “plop”.
Empiezo a esperar la siguiente, sin saber seguro que caerá -porque en la imagen no se ve de donde proviene la gota-, y sin desear que pase –porque aunque tampoco sé con certeza donde cae, un sentimiento negativo se adueña de mí-.
Entonces aparece la siguiente gota, y me pongo nervioso, y cae, y de nuevo el sonido “ffffffffffffff…” y después, “plop”.
Pienso que tengo que hacer algo, sé que hay que parar esta locura; intento mirar hacia arriba, descubrir de donde viene tal atrocidad, pero mis ojos solo alcanzan a ver negro y más negro.
Asoma en ese momento una tercera gota frente a mi, “fffffffffffffffffffffffffffffff…”, y la creo ver tan cerca que decido intentar pararla con mis manos. Pero no puedo, por mucho que intento estirar las manos no llego, y pasa por delante de mis dedos –que aunque tampoco se ven en la imagen, se que están cerca de la gota, muy cerca-. “FFF…” suena la gota con fuerza descendiendo,…tan cerca.
“Plop”.
Y cae otra vez. ¡Y que no!
Voy desatando todo en mi mente mientras mi garganta deja paso a mi voz, que va subiéndose el volumen hasta que el sonido de la gota al caer es ridículo a su lado:
¡Qué estoy harto!
¡Qué ahí no!
¡Qué no quiero jugar más!
¡Qué para mi no es un juego!
[…]
¡Qué no riegues cuando estoy haciendo sueños a base de arena!
La escena termina; y yo no se si sonreír, o llorar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
3 comentarios:
jejeje ya era hora en! anoche me pillaste ya dormidita y no lo lei. Por cierto parece una escena de corto! jajajaja
Evidente, sonríe.
:)
Publicar un comentario