Servicio post-venta

Entró, recto, tranquilo, decidido.
Obvió la cola y sentenció al caballero del mostrador:
- Vengo a descambiar mi vida.
- ¿Disculpe, su que? dijo el dependiente levantando, con extrañeza, la cara del ordenador.
- Mi vida. Repitió sereno.
- Lo siento, señor, esto es un gran almacén, aquí no vendemos vida.
- En eso no se equivoca, aquí venden muerte. Y yo lo que quiero es que me devuelvan la vida que les pagamos a cambio.
- Usted está loco.

Mis ojos se fueron abriendo cada vez más.
¿Loco dice? Ese hombre es un visionario.

2 comentarios:

smyluli dijo...

estupendo, como siempre, estupendo

Carmen Parejo /Alina de Tormes dijo...

¿Cuánto vale la palabra de un loco?
Es la mejor forma de censurar una verdad.