corbatas

Cansado ya de todo, andaba por la calle deseando que apareciese una barra suspendida en el aire a la cual se engancharía su corbata formando una casera horca que le ofrecía una rápida aunque no muy alegre forma de morir. Al fin y al cabo la alegría ya importaba poco.
No entendía la estúpida forma de andar de los hombres, con un pie primero y después el otro, síntoma –decía él- del miedo ancestral del ser humano, que tiene que pobrar, desconfiado, si la naturaleza del caminar es esa.
Hacía poco había visto una hoja manchada de tinta, con apariencia de noticia, que cantaba las formas de pena de muerte, elegibles y todo por el condenado. Pensó en ese momento que si existía el derecho a la vida, debería existir el derecho a la muerte; para no tener que ir imaginándosela por las aceras.
Y que si existía la libertad intelectual, quitando moralismos, existía la de estar loco.

3 comentarios:

David dijo...

No está mal... pero prefiero el anterior. Tiene esa cosa de premonición, ese ambiente sobrecogedor de cuando se sabe lo que va a pasar y ya duele antes de que ocurra, que me recuerda a "Crónica de una muerte anunciada".

Te leo :)

smyluli dijo...

=) genial.
Claro.

:)

Anónimo dijo...

Ay, si los hombres caminaran adelantando los dos pies a la vez... ¡qué felices, confiados y saltarines seríamos!