visión ¿o vista?

Las vistas desde mi ventana no son muy buenas, aunque a mi me gustan.

Estaba tumbado en mi cama, pensando en ti, cuando me incorporé y vi por mi ventana lo que había ocurrido: la vista había cambiado. No correspondía la visión con mi recuerdo, todo era nuevo, y la sensación que eso producía era terrible. Todo era nada. ¿Por qué? No había plantas, o si, no sé, no había casas, o si, no sé, no había personas, o si, no sé… no es que no hubiera plantas, casas o personas; no es que fueran otras plantas, ni otras casas ni otras personas, no es que la distribución floral, arquitectónica o humana hubiera cambiado… era… ¡yo! Mi visión de ellas había cambiado. Esas plantas no respondían a mi concepto de planta, esas casas no respondían a mi concepto de casas… y lo que más miedo me producía: esas personas no respondían a mi concepto de personas. Todo era nada. Correspondía la vista con mi recuerdo, nada era nuevo, y la sensación que eso producía era paz.

He dicho que las vistas desde mi ventana no son buenas, aunque realmente si lo son, todas las vistas son buenas, porque quizá no se vea algo bonito pero se ve algo, algo diferente a lo que se ve desde otras ventanas, y eso es bueno.

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