En aquella casa pasaba algo extraño. El despertar había sido el habitual, pero el salir de la cama resultaba pernicioso. Los ojos me escocían, el corazón me temblaba y la mano me dolía. Imagino que de llorar y hacer fuerza durante la noche. Pero no sabía –o no recordaba- por qué. La casa estaba rara, muy rara. Estaba tan rara que no se acertaba a saber que es lo que estaba como antes. Resultaba más fácil encontrar las diferencias que las similitudes.
Al cabo de un rato, aún en la cama, cuando la razón y la conciencia empezaban a levantarse, la tormenta de entresijos fue esclareciendo. En un tiempo corto fui capaz de vislumbrar la realidad de la casa: tú ya no estabas allí.
Eso era lo único que faltaba, que no lo único que había cambiado.
Me levante rápido de la cama, el lecho en el que había pasado tantas noches contigo ahora me daba pena, pena de mi que sabía que no volvería a dormir allí contigo.
Mi hogar ya no era mi hogar, y el espejo del baño me devolvía una imagen rancia y oscura de un ser que en el pasado pude ser yo, pero que ya por desgracia no era.
Ese día lo pase entero fuera de mi casa, no me hacia a la idea de volver a entrar y no ver allí tus cosas –aún menos de no verte a ti en el sofá con tu copa en la mano esperándome como era costumbre-. Ahora ni siquiera entendía como la noche anterior pude sobrevivir viendo como te llevabas todas tus pertenencias del que por entonces era nuestro hogar, diciéndole “adiós” a todo sin ningún problema, como si nunca hubiera sido tu hogar.
Pero sobretodo lo que más miedo me daba era donde iba a pasar la noche. ¿Sería capaz de volver a dormir en esa cama? La duda me pesaba cada vez más. Y yo cada vez andaba más lejos y más perdido.
Vague toda la noche por la ciudad, nuestra ciudad, huyendo de nuestros sitios y reconociéndome en los míos. Ese día crecí, ese día pasé otra mayoría de edad. Ese día, después de sangrar mucho por dentro, volví a ser yo.
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2 comentarios:
"Laissons les jolies femmes aux hommes sans imagination".
(Dejemos a las mujeres bonitas para la gente sin imaginación.
Marcel PROUST
Si miramos atrás en los andenes… para el otro la imagen permanece como una promesa.
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