Desmontó su armario para hacer su maleta,
cambió su vida por un billete.
Se alejaba de Ella para que no le rechazara nunca.
Y el pobre tonto, que temía -con gran acierto- a los aviones,
formuló su última petición antes de despegar:
Que le digan que la quiero.
Se lo dijeron la siguiente vez que se encontraron,
en su entierro.
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3 comentarios:
Uff
Qué escalofrío me ha recorrido todo el cuerpo.
(suspiro)
un tinte de humor negro como la vida misma...
Y es que la solución nunca está en huir... Saludos!!!
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