Encuentros

ENCUENTRO I: Primer encuentro.

Estaba sentado, rodeado de gente pero solo, leyendo el periódico, cuando Ella llegó. Iba vestida con un hermoso traje blanco, que la inundaba de inocencia y virginidad a pesar de no tener Ella esas características hacía ya tiempo.
Ella saludó a todos los que estaban en la mesa menos a Él, pues no lo conocía aún. Él se quedó sentado, leyendo, bueno: haciendo como el que leía; en realidad la escuchaba con atención.
[Le gustaba lo que decía, como lo decía, su forma de pensar.]
Otro personaje de la mesa hizo una extraña réplica al comentario de Ella.
Entonces Él soltó el periódico y disparó unas palabras al dueño de la extraña réplica. Luego se giró hacia Ella y dijo:
- Encantado de conocerte, soy…
- Se defenderme sola –contesto Ella- y se perfectamente quien eres.


ENCUENTRO II: Encuentros cotidianos.

- ¡Vamos!, dijo Ella con un tono entre juguetón, impertinente y maleducado.
- Tranquila, no perderemos el avión –le contestaba Él- nunca he perdido uno ni conozco a nadie que lo halla hecho, ¿acaso tú si?
- ¡Venga, vamos! Yo sí: ¡a ti!
- ¿A mi?, dijo Él con voz molesta a la vez que dejaba caer las maletas al suelo –pues en realidad Él iba más lento porque cargaba las maletas-. Yo nunca, y repito si quieres el nunca, he perdido un avión.
- Pero eso es porque tienes mucha suerte, o le caes bien a ese dios al que tú rezas. Porque nunca llegas a tiempo. ¡Y no te pongas tonto que tenemos prisa!
- ¿Prisa? Yo no tengo ninguna porque no voy a ningún sitio, me vuelvo.
- ¿Que te vuelves? ¿Estás loco? ¡Nos ha salido carísimo el billete!
[Y así siguieron discutiendo un largo rato, hasta que llegaron a Roma; el avión –dado ya por supuesto- no lo perdieron.]


ENCUENTROS III: Mínima expresión del encuentro.

Ella lloraba, no por el hecho de que ya no estuvieran juntos, si no por sí misma; por la tristeza acumulada de tener que escribir un nombre más en su eterna lista de fracasos.
Él bebía cerveza y fumaba en cualquier bar que estuviera abierto con cualquier persona que estuviera allí.
Él creía que Ella no pensaba en Él, y Él indudablemente si pensaba en Ella.
Ella creía que Ella no pensaba en Él, y estaba segura de que Él si pensaba en Ella.
[Inevitable: no. ¿Ocurriría? Imposible: no.]
Pero entonces ocurrió; y ocurrió mientras Él publicaba esto, y Ella lo leía aquí.

3 comentarios:

Negri dijo...

...., quiza tu no deberías pensar tanto en ella, y quiza ella piense en timas de lo crees o sabras

Roma dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Roma dijo...

No sé,eh? Yo creo q Él debería pensar un poco más en Ella, seguir llevándole las maletas, y defenderla hasta el final... :P Y, en cuanto a Ella, creo que sabes perfectamente lo que piensa en ti... Si no, no hubiera habido un tercer encuentro, no crees?