Quizá sea tan solo un libro, y quizá yo me haya emocionado con él demasiado. Pero quizá no, ya que es el Pulitzer de 2007, costaba encontrarlo en cada librería de cada país en el que salía y ya están rodando la película después del éxito en taquilla de su anterior libro "No es país para viejos". El autor de ellos es el mismo: Cormac McCarthy, un genio contemporáneo.
El libro -como para mí todos los libros no ya buenos, gratificantes, o validos, sino como las OBRAS DE ARTE, así en mayúsculas- es corto, es corto porque es literatura. Y un literato quita de su obra todo lo que le sobra, la deja al desnudo, tan solo cubierta de un velo entre transparente y translúcido para que el lector pueda imaginarse su propio libro. En este caso el autor se permite incluso no hacer descripciones profundas, sino meramente circunstanciales como la ropa, no diciendo así edad ni nombre de los protagonistas por ejemplo.Es uno de esos que uno lee con pena no por la historia -que en este caso también- sino porque lo admira tanto -que no es que le "guste" o le "enganche"- y lo ve tan breve -aún a sabiendas que así es aún si cabe más admirable- que sabe que cada página que lee es un paso dado hacia el final.
Pero también lo bueno de estos libros es que una persona cada dos o tres páginas -a no ser que sea un devorador de libros que yo no lo soy, o un insensible, que tampoco- puede pararse y, mientras aguanta con el dedo índice la página por la que va, pensar en lo leído, reflexionar cada palabra, sumergirse en sus provocaciones, dicho de forma más clara: recrearse.
En el caso de "La Carretera", el autor hace una mezcla de esperanza, miedo, amor, dolor, límite, y en definitiva: vida.
No tiene una moraleja clara, o un final digamos "definido", pero llamarlo desperdicio o cualquier cosa que baje de recordarlo 50 años después de haberlo leído es poco menos que un crimen.
Terminemos diciendo:
-Papa, si ya no tenemos esperanza: ¿Cual es la diferencia entre que sigamos vivos o nos muramos?
Y así cada uno de sus irrepetibles folios...
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1 comentario:
Ya sabemos a qué se dedica el autor González Rojas en sus interminables madrugadas, a esas horas a las que abandona todo medio internauta de comunicación y se sumerge en sí mismo, a esas horas en las que se dedica a cultivarse por dentro y no sólo para hacerlo notar posteriormente. Dicen que la noche confunde los sentidos, a los búhos paradójicamente,nos los despierta. Buenas noches Majestad ;)
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