Me di cuenta de que llevaba con la mente en blanco más de lo normal cuando, en aquel bar de carretera, el camarero dio, con la jarra, un golpe seco encima de la mesa.
- ¿Cerveza entonces, no?, dijo con un tono desagradable.
- Si, claro… seguí yo, como si supiera si había pedido algo.
Mi cabeza quería volver a su pensamiento, pero solo veía amarillo, y no era capaz de recordar el minuto anterior. He de reconocer que me sorprendí cuando, al levantar la vista de la mesa, no supe reconocer mi alrededor.
- Perdone… -increpé al camarero- exactamente… ¿Dónde estamos?
- ¿Qué dice? ¿Dónde estamos? Pues en el mesón del…
- No, no –le corté rápidamente-. Qué donde se ubica en el espacio.
- No le entiendo…
Estuve lento, preguntando de esa forma a un tipo así. Enmendé el error: me levante, lo agarre del hombro, elevé la mano y señalando por la ventana, dije:
- ¿Cómo se llama esa carretera y de donde a donde va?
- ¡Ah! ¡Haberlo dicho antes, hombre! –exclamó como si me conociera desde que nací- ¡Esa es la nacional 260 va de Porbou a Sabiñánigo, o al revés claro! – intentó bromear mientras forzaba una risa fea-. Estamos más o menos a la altura de El Pont de Suert.
Sí, una suerte -pensé yo-. Una vez más no sabía ni de donde venía, ni a donde iba, ni donde estaba.
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1 comentario:
¿amarillo? en ese caso necesitarás mucha suerte...Un beso.
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