Te quedas mirando como gira la rueda del coche, con la boca abierta. Me encanta verte así, pareces un completo imbécil, un ignorante, un inconsciente, un iluso; eres torpe y fácil de engañar en mi mente. No vales nada.
El proceso de fragmentación mundial ha empezado. Estabas en mi plan de salvamento, pero he activado el código de cancelación. Ha ocurrido lo peor: te quiero, y lo sé.
No quiero que mueras, te lo juro. Quiero que no estés.
Si logras escapar, una vez más, búscame donde fuimos felices, si es que lo fuimos,
no aquí.
Las farolas se encienden, dejas la rueda y te giras:
- ¿Ya te has dado cuenta?
- ¿De qué?
- De nada.
Ya sé, el proceso de fragmentación no ha empezado, entre nosotros nunca va a empezar nada.
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4 comentarios:
Esto si que si.
Es que a mí me encantan las fragmentaciones y catástrofes, ya sabes.
No soporto esa situación. Querer a alguien y no soportar que exista a tu lado. No sé por qué existe esa sensación. Es demasiado contradictoria.
Me gustan mucho tus diálogos.
Hoy desearía activar el proceso de fragmentacion mundial, no meter a nadie (a nadie) en el plan de salvamento, y mandar a la gente, al mundo e incluso a mí, al carajo. Lástima que a última hora, algún absurdo, estupido y sonriente pulse el botón de cancelación, y volvamos al feliz mundo no fragmentado.
Al carajo (tú no, claro).
Lucia
Con tanto desahogo no dije lo más importante: BRILLANTE
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