un gato

El día que nació el sol no brillaba mucho, le habían contado. Y él parecia no recordar haber nacido de noche. Vaya mentira fácil, y vaya forma de marcarle. Quizá por eso se hizo gato.

Cuando yo le conocí ilustraba en 3 idiomas, no conocía la palabra "normal" y había visto más veces amanecer que anochecer. Escaló los Andes, los Alpes y el Atlas con 10 años -Asia no le gustaba pero en sus sueños ya había visitado la India-.
Nunca fumó, y a penas bebía, pero lo pasaba bien golpeando la guitarra, era melómano, sabía de pop, de rock, de jazz, y la musicografía "básica" -de A.Vivaldi a W. A. Mozart-.
Montaba en bicicleta porque odiaba los pies, y deseaba -como casi todos- volar.
Entre sus mejores amigos contaba una cámara, que más bien le hacía de ojo -ya que sus miopes iris no le alcanzaban más de 2 metros-, pero también de boca: temía las palabras, y tenía mucho que contar. Contradictorio, como él.
Estuvo en un taller para maquetar vidas, leía libros de filosofía y revistas de divulgación, amaba el cine y estudió dos o tres carreras de ciencia.

Incluso había interpretado a Romeo. Pero nunca, nunca, había vivido el amor. Por eso, él, decía que no había hecho nada.

3 comentarios:

Anónimo García Pérez dijo...

miau!

Seguiré encontrándome conforme tú me descubras :)

Carmen Parejo /Alina de Tormes dijo...

La incapacidad de amar nos lleva a embarcarnos en grandes empresas...quizás esto se debe a que el amor quita mucho tiempo. Siempre me gustaron más los perros! Un saludo.

LeChat dijo...

Ahora sí, te doy toda la razón.