Guardo sus zapatillas de ballet junto a sus ilusiones y sus ganas de llorar.
En ese tiempo la palabra abandonaba la exactitud para convertirse en tinta sobre papel, la forma convertida al absurdo perdía su esencia, el ritmo, el acorde, el tono, el acento desaparecían, dando así lugar al ruido; al dibujo se le olvidó representar, destiñéndose su sentido...
La armonía estaba dejando de ser para ser caos.
Eso sí, actuar actuaba todo el mundo.
Gastar la vida por algo que la humanidad desvirtuaría breve el tiempo no poseía ser.
Si el hombre destruía el arte, destruía la creatividad, la libertad, la imaginación, el sueño, el amor, la felicidad. El hombre ya no destruiría, el hombre se destruiría.
Bueno, tal vez no era el fin de mundo; pero para sí todo tendía a su peor posible…
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