La belleza está sobrevalorada, la inteligencia está sobrevalorada.
La arena de la playa está sobrevalorada, la naturaleza está sobrevalorada, la comida, el hogar, el trabajo; la suerte esta sobrevalorada, y la salud.
Los vicios están sobrevalorados, las virtudes están sobrevaloradas, la educación, la cultura y la paz; los actos están sobrevaloradas, y las intenciones.
El fin, el medio injustificado, la muerte y el resto de miedos, el odio, las ilusiones, las razones vividas, la experiencia y el resto del pasado. Y las tres más sobrevaloradas: la familia, los amigos, el amor.
Todo está sobrevalorado. Porque sobre esto valoramos nuestra vida. Y a ésta la sobrevaloramos.
Poseemos así, de sobremanera, todos –que casualidad- los mismos valores: la libertad, la igualdad, la justicia y para que decir más si ya los saben. Lugares comunes que sin embargo nos dan la –sobrevalorada- felicidad.
Esto no es en vano. Lo que hacemos es muy útil.
¡Hace que podamos llamar loco a una persona por no valorar nada de esto como nosotros! ¡Como si no pensar como todos fuera de locos! ¡Como si ser loco importara!
Lo mejor es que realmente no somos diferentes alejándonos un poco. Ese es el chiste.
Un poco de ropa que no esté de moda, un comentario fuera de lo común, una forma de ser extravagante y ya está; completamente distinto. ¡Vamos, Un loco en toda regla…!
La realidad está mucho más lejos de lo que jamás nadie podrá imaginar. Nos atrapa, es poderosa la forma de sobrevalorar que tenemos. Es tan grande y tan consciente de que no nos dejará escapar que me deja pensarme especial escribiendo esto… porque sabe que mañana seguiré sobrevalorando.
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