Una intensa e interesante conversación los mantenía allí, vivos. Durante más de 5 horas, hablaron de política, economía, sociedad, música, cine, teatro y otras artes, viajes, ciudades, personas, intenciones y actos… de repente uno de ellos dijo:
- Eso no es importante.
- ¿Por qué?
- Por qué todo es tan importante dentro de la no importancia de la vida de un humano, que hace que nada sea importante
- Eso es cierto
- ¡Claro que es cierto! El hombre muere. Y la muerte no es importante para el que muere, y para los que lo rodean deja de serlo, el tiempo hace que deje de serlo. Si la muerte de un hombre no es importante su vida lo es aún menos.
- Si nada es importante ¿para que me lo cuentas?
- Quería que lo supieras.
- No es importante
- ¿El que?
- Que yo lo sepa. Si nada es importante, tampoco es importante que yo sepa que nada es importante.
- Te valoro, y me pareces digno de este conocimiento.
- Tu valoración no es importante, mi dignidad no es importante, este conocimiento no es importante.
- Puede ser, pero yo tengo que vivir. El otro posible es el suicidio. Amo la vida.
- Te quedas corto, todo va mucho más allá, no es solo tu vida, nuestra amistad tampoco es importante.
- Hombre, todo es prescindible, todos somos prescindibles…
- Pues eso…
- Pero soy humano, y aunque nada sea importante, te quiero.
Dejaron la absurda conversación en el olvido por un tiempo, y luego, nunca más se supo de ninguno de ellos.
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