Lagrimas

Una lágrima le recorrió la cara, no era una lágrima más, era otra lágrima. Otra de las que derramaba recordando aquella situación. Sus ilusiones andaban muy lejos, junto a todo lo que quería, en la ciudad en medio del desierto.
La lágrima cayó en la arena, en la inmensa soledad del desierto. No paraba de preguntarse si viviría para verse en la ciudad, pero solo podía andar o morir; y entre ellas prefería luchar.
Caminaba con valentía, triste pero con valentía, superando toda adversidad –incluso la suya-. No quería oasis, quería la ciudad, la ansiaba; sin embargo nadie nunca le aseguro su existencia. Muchos le prometieron que existía, y muchos más que no.
Hubo momentos en los que se derribó y se lanzó a la arena deseando morir allí. Pero antes de la definitiva vio una luz, una luz de su ciudad, una ciudad que… ¿casualidad? era como había imaginado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué difícil es llegar a la ciudad desde el vasto desierto...será miedo?...suerte que esas lágrimas, aunque tengan mala fama, logran caer en el justo momento para encender las luces necesarias